Manuel Fernández Guerra

De mi tierra.

De mi tierra dame sus rincones y sus gentes y ese canto valiente de garganta en pie de guerra.
Dame el viento de tarifa, que me mueva y me transporte, desde playas de arena fina, a una selva de alcornoque.
Dame la roca caliza por la que se filtran su aguas, agua que talla las grutas que atraviesan sus entrañas.
El basto manto verde, de laderas de pinsapos, campo de hoja perenne sierra de riscos afilados.
Manantiales cristalinos, caminos que la fauna abre a su paso, caudales que dan vida al molino para que este muela el grano.
Tosca madera de olivo, llenas de callos las manos, del labriego que trabaja la tierra, que cosecha y que cuida el ganado.

La receta.

Mantengase a la espera mientras llega la receta nueva para la belleza eterna y no te sorprendas si en la espera las arrugas se juntan con las ojeras y las pieles te cuelgan hasta las piernas.
Desde que nacemos nos imponen los patrones y las etiquetas, las metas, las acciones, sintetizan emociones a la medida de su sistema.
Para crear mentes cuadriculadas y milimétricas, piezas dentadas perfectamente adaptadas como en un rompecabezas, para que no se detenga la rueda.
Mientras tanto ahí afuera el humo no cesa y el paso de la industria se acelera devorando cada rincón de este exhausto planeta.
Y sobre nuestras ingenuas cabezas, nubes grises, del tráfico y las fábricas, atmósfera de gas metano como efecto secundario de la industria cárnica.
Una vida de ensueño, ropa de diseño confeccionada por niños, para cebar los caprichos de unos cuantos necios.
El mundo está muriendo en manos del progreso.

El despertador.

El despertador, ese maldito instrumento de tortura, pregón de voz estridente que anuncia el comienzo de la rutina, riendo a carcajadas desde su lejano rincón de la mesilla.
Hora de ponerse las pilas, salto cual resorte de la cama y arrastro los pies hasta la cocina, pues mi cabeza reclama café para volver a la vida.
Aparto los tiestos, enciendo el fogón y recaliento los restos de hace 6 días.
Lo que en su momento fuese café, elixir por antonomasia de la vitalidad y la energía, ahora solo es agua turbia, caliente y carente de cafeína. Cuya única habilidad es la de hacerme excretar los restos de mi última comida.
Tal y como huele esto, aquí adentro se me está pudriendo la vida. Aunque bueno aquí afuera la cosa no es que huela distinta.
Hora de sanear este saquito de huesos, de rascar la roña hasta la astilla, me dirijo al aseo, evitando contacto visual con los espejos y su maldita manía de dar los buenos días gritando a voces mis defectos. Cómo si yo no fuese ya consciente de ellos.
Al fin llego al baño, sagrado templo, manantial del que emana el agua capaz de purificar mi cuerpo. Y desde allí invoco al universo, reclamando la suerte que creo que merezco. Cierro los ojos, cruzo los dedos y en voz solemne rezo: ¡Un poco de agua caliente, por favor te lo ruego!
El universo, en su infinita sabiduría, me responde con un sencillo gesto.
El agua sale fría como tempanos de hielo. Que no digo yo que no sea buena para el cuerpo, para la circulación, la piel y los huesos...
Pero ducharse en mi cueva es ducharse a bajo cero, y eso debería considerarse deporte de riesgo, a la altura del rafting, del puenting y de esos que se lanzan al vacío desde unos cuantos cientos de metros. O aquellos que se atreven a mirar telecirco cuando se encuentran indigestos, ¡Eso sí que es correr riesgos!
En fin, me marcho y no les entretengo, que de aquí a nada comenzará la balada del despertador puñetero. Hasta el día en que me cansé y lo reviente contra el suelo.

Caos.

Soy la raíz quebrada del bosque inerte, calcinado por las llamas.
Soy rio de agua turbia, que arrastra tus vertidos disueltos en la lluvia.
Soy el llanto de un cielo gris y envenenado con humo ácido.
Soy la tierra que grita muda, sin que mis lamentos sean escuchados.
Soy los restos del árbol talado, la raza extinta, la selva arrasada a tu paso.
Soy el reflejo de la humanidad, soy la viva imagen de caos.


Biografía:

Manuel Fernández Guerra (Prado del rey, Cádiz. 1993) Músico y poeta.

Su interés por la cultura, la literatura y la música nace al inicio de su adolescencia, dónde escribe sus primeras poesías y canciones dando paso a la que sería su primera banda (Guerra Sonora) despertando así su pasión por la musica.

En 2009 publica gracias a El fuego de la utopía y junto a otros cuatro jóvenes poetas La quinta de la esencia, un libro que recoge los poemas de 5 autores, 5 voces que expresan diferentes visiones de una misma generación.

En adelante, participa en varios proyectos, musicales, creando canciones críticas y sociales para Guerra Sonora y Cuarentena las bandas locales de las que formó parte y dieron paso al inicio de su carrera musical.

Actualmente reside en Granada donde participa en diferentes ciclos literarios, recitales de poesía y proyectos musicales donde destaca su interés por la poesía cítrica y reivindicativa y la canción protesta.

Recientemente pasó a formar parte de la banda de rock Terral y se encuentran inmersos en la gira nacional de su tercer disco.



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